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viernes, 10 de septiembre de 2010

Al Señor de las Décimas


Era un hombre mayor,
de cabellos vestidos de blanco,
pausado andar y voz apagada,
memoria impecable y
una habilidad asombrosa
para manejar la palabra.

Más de doscientas décimas
compuestas en un cuaderno
que con celo guardaba,
Isaías ostentaba.

De memoria,
la que le pidiera,
el me regalaba,
extasiado quede en aquellas
horas mágicas.

Natural era su don
y en Isla de Toas,
por lugareños y famosos
su décima era aclamada.

Te vi una vez, y tú,
sin saber me pusiste
en este camino.


Dedicado a
Isaías González

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