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jueves, 9 de septiembre de 2010

Aquel Arbol

Sigue erguido, el testigo de un amor prohibido, su sombra le dio cobijo, sus ramas fueron el abrazo de un cómplice celestino, sus hojas retuvieron infinitos te amo y incontables te quiero.

Un fuerte verano tiro las hojas al suelo, el viento las hizo desaparecer muy, muy lejos, quedó marchito aquel árbol viejo.

Pasó el tiempo y aquel arbol se hizo nuevo, sus ramas no son cómplices y su abrazo ahora es sincero, y en cada hoja, hay verdaderos te amo y te quiero.

No importa cuantos veranos le azoten, ni cuantas veces sus hojas caigan al suelo, ni que el viento se las lleve lejos, como ese árbol yo también me hice nuevo.

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